28 de febrero de 2014

HISTORIAS IRREALES EN LA PLAZA REAL. LOS NOCTÁMBULOS


Manuel y Julián. Compañeros y barrenderos, y viceversa. Llevan más de quince años trabajando juntos por la noche, peinando las calles y recogiendo la porquería de cada borracho y de los que no lo son, también. Cuando amanece significa que ya han cumplido, y despiden la jornada con un cigarro y un café solo, sin azúcar. Pero esta noche era distinta. Julián estaba como ausente, y justo cuando estaban barriendo los pies de la fuente, se descubrió el pastel. Le confesó a su compañero que quería dejar el trabajo. Manuel se paró en seco, como si le hubiesen clavado un puñal. No eran muy habladores ya de por sí, por lo que ninguno supo muy bien qué decir. Siguieron barriendo y se llevaron la incomodidad del momento a cada punta de la plaza. Así pasaron horas, sin mirarse, sin cruzarse, como si hubiesen tenido una pelea de hermanos. Fue la noche más silenciosa de todas, y la más larga. Era una despedida, un divorcio, un antes y un después. Era la ruptura de una alianza que conseguía que hasta la calle más sucia se convirtiera en algo ameno.


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